Tierra Joven y bancos de tierras: una oportunidad… si se aterriza en el territorio

Desde Red TERRAE celebramos el impulso político al acceso a la tierra, y aportamos experiencia municipal para que la medida funcione de verdad.

Estos días hemos leído el anuncio del Gobierno sobre la movilización de fincas rústicas de titularidad estatal para facilitar el relevo generacional en el campo, junto con la puesta en marcha de Tierra Joven, una plataforma de información y movilización de tierras agrarias.

Desde Red TERRAE valoramos positivamente que, por fin, el acceso a la tierra y el relevo agrario ocupen un lugar central en la agenda política. Es un paso necesario. Pero también sabemos —por experiencia propia, municipal y de acompañamiento directo— que no basta con “poner tierras en el mercado”. Un banco de tierras funciona cuando es parte de un ecosistema: reglas claras, mediación, seguimiento, y un modelo agrario viable (económica y ecológicamente) que dignifique el oficio y sostenga a quien se incorpora.

El anuncio: 17.000 fincas y una plataforma estatal

 

Según la información oficial, el Gobierno prevé analizar unas 17.000 fincas rústicas de la Administración General del Estado para valorar su aptitud agraria y, en su caso, ponerlas a disposición preferente de jóvenes, mujeres y nuevos profesionales a través de la nueva plataforma Tierra Joven.

Tierra Joven se plantea como Plataforma de Información y Movilización de Tierras Agrarias para difundir oferta y demanda y aportar información homogénea sobre el mercado de tierras (normativa de transmisión, fiscalidad, financiación, etc.), con un despliegue anunciado “en los primeros meses” mediante real decreto y su consolidación posterior en la futura Ley de Agricultura Familiar, incorporando una oficina de información y transmisión de tierras

Lo que celebramos… y lo que advertimos (con los pies en la tierra)

 

En la nota conjunta con Por Otra PAC recordábamos una idea básica: la cesión de suelo productivo puede ser una oportunidad, pero solo si se hace con gobernanza clara, acompañamiento institucional y criterios que aseguren la sostenibilidad a largo plazo.

Y añadíamos algo clave: incorporar jóvenes al sector no es solo “dar hectáreas”. Implica asegurar condiciones de viabilidad: precios justos, acceso a crédito, formación, vivienda y servicios básicos, además de reconocimiento social del oficio.

El comunicado de Foro de Acción Rural converge plenamente: valora el anuncio, pero exige una implementación integral de la estrategia de relevo generacional y recuerda que el acceso a la tierra es solo una pieza en un puzzle donde también cuentan la rentabilidad real, la financiación accesible, la simplificación administrativa y la calidad de vida en el medio rural.

Dicho de forma sencilla: si el banco se concibe como medida aislada, se quedará corto. Si se diseña con ambición territorial, puede ser un catalizador.

“Acceso a la tierra: necesario, no suficiente”

“Acompañamiento y mediación: la infraestructura invisible”

“Viabilidad y dignidad del oficio: sin eso no hay relevo”

Nuestra experiencia: cuando un banco de tierras funciona

En Red TERRAE llevamos desde 2010 trabajando con municipios para activar tierras en desuso mediante el Banco de Tierras Agroecológicas, combinando herramienta digital y trabajo de campo. En el reportaje sobre bancos de tierras publicado por la Revista Savia Rural (octubre 2024) se recuerda que la primera mediación de nuestra asociación que culminó en un acuerdo se remonta a 2011 en Carcaboso, (Cáceres), y que los objetivos siguen vigentes: mejorar productividad y estructura agraria, facilitar relevo generacional y avanzar hacia un modelo agroecológico.

También participamos en su día como entidad en el Grupo Focal de Acceso a la Tierra (GFAT 2020-2021) que organizó el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y venimos colaborando con distintas iniciativas regionales e internacionales, si bien nuestra experiencia se concreta especialmente en el trabajo aplicado y a escala local en cada uno de los municipios que se han ido incorporando a lo largo de estos 15 años de recorrido.

En la actualidad el Banco de Tierras Agroecológicas de Red TERRAE cuenta con unas de 250 hectáreas de superficie disponible, 465 demandas y 214 ofertas, y un inventario cercano a 1.000 hectáreas en abandono o desuso. Pero más allá de las cifras, lo determinante es el cómo.

1) La clave invisible: confianza. Los bancos de tierras son, sobre el papel, “bolsas” que conectan oferta y demanda. En la práctica, el obstáculo más repetido no es técnico: es la desconfianza. La experiencia nos dice que convencer a propietarios (a menudo mayores) de que cedan el uso sin “perder” la tierra requiere cercanía, tiempo y mediación constante.  Esto coincide con lo que señalamos en la nota con Por Otra PAC: los bancos funcionan cuando existe acompañamiento público y local mediante figuras como los DILAS, dinamizadoras que generan confianza entre propietarios y nuevas incorporaciones (muchas sin antecedentes agrarios o sin arraigo previo).

2) No solo tierra: un ecosistema de apoyo.  El FAR lo formula como “pasar de medidas aisladas a una estrategia integral”: que contemple el acceso a tierra, junto con la financiación, una mayor viabilidad económica basada en precios justos, la oferta de formación y acompañamiento, mayores servicios, y una necesaria simplificación de trámites.  Esta idea de  ecosistema, es la que hemos contrastado en municipios: cuando hay dinamización, coordinación local, y una narrativa compartida (recuperar paisaje, prevenir incendios, fijar población, producir alimentos sanos y cercanos), el banco deja de ser una web y pasa a ser política pública local.

3) Criterios productivos: el “para qué” importa.  Otro punto central que subrayamos: si el objetivo es relevo generacional viable, la cesión debe orientarse a modelos que cuiden ecosistemas y aseguren futuro. Por eso defendemos que la movilización de tierras tenga criterios de producción ecológica y agroecológica, conectados con soberanía alimentaria y circuitos cortos.

Qué pedimos para que Tierra Joven sea útil de verdad

Considerando lo que venimos expresando públicamente y lo aprendido sobre el terreno, desde Red TERRAE proponemos que el despliegue de Tierra Joven incorpore, como mínimo, estos elementos:

Transparencia y accesibilidad real de la plataforma:

Información clara, datos actualizados, y procedimientos comprensibles para quien se incorpora (no solo para especialistas).

Gobernanza multinivel:

Coordinación efectiva con Comunidades Autónomas y, sobre todo, con ayuntamientos (muchos con patrimonio rústico o capacidad de activar alianzas locales), evitando un modelo puramente centralizado y distante.

Acompañamiento territorial:

Equipos o figuras dinamizadoras como los DILAS, que hagan mediación, visitas, explicación a propietarios, seguimiento de contratos y resolución de incidencias. Es la diferencia entre “listados” y “acuerdos”. Es la pieza que casi siempre se olvida y es clave para la continuidad.

Condiciones de viabilidad:

Financiación accesible, medidas fiscales y administrativas coherentes, y políticas complementarias de vivienda y servicios en el medio rural. Sin eso, la incorporación se rompe a los pocos años.

Orientación a modelos sostenibles:

Priorizar usos que regeneren suelo, reduzcan riesgos (incendios, abandono) y respondan a demanda social de alimentos saludables, promoviendo agroecología y circuitos cortos.

Lo que ofrecemos desde Red TERRAE: experiencia replicable y red municipal

Si el Estado quiere construir una política sólida de movilización de tierras, no parte de cero. Existen experiencias contrastadas —Galicia, El Bierzo, iniciativas comarcales y municipales— y también aprendizajes acumulados en redes como la nuestra.

Desde Red TERRAE ponemos a disposición:

  • Una metodología probada de banco de tierras con enfoque municipal y dinamización.
  • Una herramienta ya operativa: nuestro Banco de Tierras Agroecológicas, abierto a ofertas y demandas, y con un marco de fines y condiciones público.
  • Un enfoque de territorio como comunidad: la tierra no se “mueve” sola; se moviliza con comunidad, confianza y reglas, soberanía alimentaria y circuitos cortos de comercialización.